Oda a El Cafetal

Hace una semana, caminé con una querida amiga desde Caurimare hasta Santa Paula. No por elección; no nos quedaba de otra. Salí deprimido.

Para los extranjeros: El Cafetal es una parroquia de clase media alta al sureste de Caracas, parte del municipio Baruta del estado Miranda. Se compone de varias urbanizaciones: Santa Paula, Santa Sofía, San Luis, Santa Ana, Santa Paula, Chuao, etc. Hay dos clínicas privadas ubicadas allí (Santa Sofía y Metropolitana) y un centro comercial importante (Plaza las Américas), además de otro (Santa Paula) donde abrió uno de los primeros Locatel, una cadena de “automercado de salud”. Hay un kiosco ubicado en una de las dos bombas de gasolina ubicadas en él que es famoso porque está abierto 24 horas. Un gran templo mormón está ubicado a su entrada. El boulevard que compone su avenida principal está casi siempre verde, con abundantes árboles donde incluso se han visto perezas. A pesar del aumento de la criminalidad –secuestros, principalmente—se le conoce como una zona tranquila, pues no está particularmente cerca de zonas peligrosas.

Desde que empezaron las protestas el pasado 12 de febrero, pero en particular desde mediados de marzo, los 52.000 habitantes de la parroquia están, quieran o no, encerrados. En el último mes, la expresión “doña del Cafetal”, usada para referirse a mujeres mayores (o no tanto) para lo cual nada que este Gobierno haga está remotamente bien, mucho menos sus seguidores, ha sido más justificada que nunca.

Caminar desde Caurimare a Santa Paula son aproximadamente dos kilómetros. Parte de ello en subida. En ese espacio, hay al menos 25 barricadas hechas por los vecinos tanto en protesta contra el Gobierno como protección contra bandas armadas como, en palabras de uno de los muchachos que cuidaban las barricadas, para sacar a los demás “de su indiferencia”.

No puedo creer que haya mucha indiferencia después de lo que vi.

Las barricadas van desde algunas bolsas de basura y ladrillos puesto en fila hasta un poste de luz, alcantarillas, sofás y vallas de madera. Sí, un poste de luz. Supongo que esto es lo que siente alguien que camina en una ciudad sitiada. Muchachos (y muchachas) de alrededor de 20, o veintitantos años, parados con sus caras tapadas. Cerca de una, un grupo de personas de todas las edades estaban cerca de una, cuadrando acciones, estimando turnos. Algunos carros pasaban con mucho cuidado, pero era complicado, como se imaginarán. Mi amiga me contaba que en algunos sitios habían puesto alambre de púas en las aceras. El taxista que finalmente encontré para que me llevara a mi casa, porque había dejado a un hombre a pocos metros frente a nosotros, me contó que hace unos días un compañero trató de pasar una barricada en días anteriores, y una muchacha “bonita, parecía una miss, como de 19 años”, le arrojó un ladrillo y le reventó un vidrio.

Esta misma amiga ya ha asistido a dos asambleas de ciudadanos que, en ambos casos, terminan en violencia. En la primera, una joven estudiante de Comunicación Social sugirió que se abriera un canal en las barricadas para emergencias; habrías jurado que sugirió que abrieran las puertas de sus casas a los malandros. En la segunda, un estudiante de Ingeniería (Dios bendiga a los estudiantes) propuso que se usara el 1x1: como había tanta gente de otras partes viniendo a trabajar, y que se veían obligados a caminar ya que el transporte no podía pasar, que se aprovechara para hablar con ellos, tomarse un minuto para escuchar por qué apoyaban al Gobierno, si lo hacían, y otro para explicarles por qué hacían lo que hacían. El comentario en la parte de atrás: “este seguro es chavista”. En ambos casos, sus familias debieron llevárselos antes de que los lincharan. Una amenaza, por cierto, que le llegó a mi amiga en mensajes de grupo de los vecinos: “Si vemos a alguien que no conocemos, lo lincharemos”.

(Claro, el 6 de abril la policía les dio otra excusa a los cafetaleños de su radicalismo; se hicieron infames las fotografías de una señora que fue a tratar de dialogar con los efectivos de la Policía Nacional Bolivariana, y mientras se alejaba le dispararon por la espalda. Bello que les quedó, desgraciados.)

Me recuerda panfletos que estuvo circulando por Catia la semana pasada, y siempre circulan cada cierto tiempo, en la que los colectivos de la zona, organizaciones que ya han sido acusados varias veces de violencia en contra de marchas opositoras –el líder del colectivo La Piedrita, Valentín Santana, es un hombre buscado—donde aseguraban que no permitirían “guarimbas” en la zona. “¡Que nadie se equivoque, Catia es chavista!”, cerraban. Explíquenme cuál es la diferencia.

Y ahora leo lo que le pasó a Aglaia, luego que fue citada por un periodista de la BBC (luego pidió que su nombre fuera removido del reportaje). Me hace preguntarme, al igual que ella, ¿por qué país estamos luchando? Criticamos –y se debe criticar—que el Gobierno busca imponernos un socialismo que la mayoría ya dijo no querer, en 2007; y no tenemos problemas en imponer el encierro a los vecinos (aunque muchos no se quejen, pero muchos sí lo hacen) y que los empleados no puedan llegar a sus trabajos. Criticamos –y se TIENE que criticar—que el Gobierno decidió excluir a una parte de la población, tratarlos como enemigos, pero nos limitamos a defender NUESTROS espacios, en vez de defender NUESTRO país. Típico venezolano: “mientras yo estoy bien, qué importan los demás”.

Supongo que yo también seré atacado, insultado, llamado “bobositor”, “indiferente”, “habitante de Narnia”, “egoísta” (ja, egoísta…) y demás motes que los que yo llamo “oposicales” acostumbran a llamar a los que nos rehusamos a caer en el radicalismo. Nuevamente, explíquenme la diferencia entre los que llamaban y llaman a los otros “escuálidos”, “oligarcas”, “fascistas”, “chuckys” y demás. Asumen que es por las guarimbas que la atención mediática vino, que los cancilleres de Unasur están aquí. No me atrevo a decir que es por eso, pero díganme, ¿creen que los que votaron por el Gobierno están impresionados? En particular cuando le dices cosas como “huevón, reacciona”, ¿logras algo? Gente, ustedes no son la pesadilla del Gobierno, son su sueño húmedo, pues refuerzan su tesis de “ellos contra nosotros”. Definitivamente, las palabras de Francisco Toro, fundador de Caracas Chronicles, escribió en febrero.

Las protestas de clase media en áreas de clase media sobre temas de clase media sobre gente de clase media no son un reto al sistema de poder chavista, son parte del sistema de poder chavista.

Hace un tiempo, cuando la crisis eléctrica durante una sequía particularmente fuerte, acompañé a mi ex esposa a una cita médica, cerca de la clínica Santa Sofía. Entre las que esperaban estaba una señora mayor, la propia viejita dulcita. Me empecé a quejar del calor, y mi ex igual. “Ay no, yo quiero que siga”, dijo la doñita. “Eso lo perjudica a él (Chávez)”. “¿Y usted cree que lo perjudica a él solo, señora?”, pregunté. “Claro que sí, los demás que nos aguantemos, pero eso lo perjudica a él y termina cayendo”, fue la respuesta. “Por mí que haga MÁS calor”.

Doña del Cafetal, indeed.

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Un paréntesis: Más libros, menos balas

Un mes. Un largo mes de tribulaciones ha pasado el país mientras escribo estas líneas que ustedes, amables lectores, están empezando a leer. Hay 22 seres que no volverán a ver un amanecer, 300 que vieron comprometida su integridad física en diversos grados de gravedad, mientras varios millones se preguntan cuándo regresará algún atisbo de normalidad y otros millones esperan una verdadera normalidad.

 

Uno de esos personajes que uno agradece al Twitter haber encontrado, John Manuel Silva, mencionó una vez una situación harto familiar: que la gente le reclamaba cómo podía estar pendiente de salir, del cine, de un libro, de cualquier cosa, “mientras el país se caía a pedazos”. “Al contrario”, escribió (estoy parafraseando, pues no encuentro el escrito como tal), “creo que este es el momento de leer más, de encontrarnos más, de querernos más”. Muy de acuerdo. Lo mismo “sufrí” yo hace dos domingos con la entrega del Oscar. Escribió una muy querida persona en Twitter. “Es el colmo que haya gente pendiente del Oscar mientras bombardean Altamira”.

 

Pero hacen falta los paréntesis. Un escape al cine. Una llamada a la mamá. Un viaje a las páginas. Porque son el oxígeno que necesitamos para poder transitar el mientras tanto. El recordarnos por qué peleamos, por qué no nos queremos conformar con la “normalidad” que se nos viene. Porque normal es tantas cosas que no tenemos ni cuando no hay protestas.

 

Es por eso que un grupo de amigos nos reunimos en el café que es Twitter a hablar de libros. Porque de una forma u otro, los libros son lo que nos identifica a todos, uno de los factores que los cuatro teníamos en común. Y decidimos recomendar cinco títulos clásicos y cinco títulos modernos, y nuestra explicación de por qué lo escogimos. Porque cuando uno lee, uno quiere un mundo en que podamos seguir leyendo, sin pensar en lo mal que estamos. Porque queremos estar en un mundo mejor. Así que aquí les dejamos para todos los interesados, cuarenta libros que esperamos visiten por primera vez o sigan visitando sin pena, porque qué falta hace un mundo en que haya más libros y menos balas.

 

Adriana Bertorelli

 

Karla Pravia

 

Julio César Mármol

 

Un servidor

 

He ahí nuestra contribución. ¿Cuáles proponen ustedes?

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“Yo te daré paz. MI paz”

grooveshark

Hoy me di cuenta de dos cosas fundamentales. La primera fue que no puedo escapar de la realidad del país ni que lo intente. Hoy decidí olvidarme de las tres semanas from hell que todos hemos vivido de una manera u otra, y me lancé al Trasnocho Cultural. Entré con una amiga a ver la impresionante 12 Años de Esclavitud, para pagar mi deuda con Oscar y ver su gran consentida. Steve McQueen y su compañía hicieron excelente trabajo, por decir lo menos.

 

Como a una hora de la película, tal vez menos, una pareja se para y empieza a irse. En la puerta, una señora se voltea y dice a todo pulmón, “¡Así estamos nosotros! ¡Así estamos!”, y se fue.

 

Ayer, vi cómo dos personas ponían en Twitter los nombres y direcciones tanto de personas que montaban barricadas como de miembros de supuestos colectivos. Vi incluso a alguien decir “Si tienen cacerolas vayan a tal lado, que Roque está comiendo ahí”. Veo chavistas abiertamente amenazando gente con 9 mm. Veo los ataques de opositores en las barricadas. Vean cómo mi amigo Cristian Hernández fue batuqueado contra el piso en Altamira (esa es la foto que está arriba). Sin ir muy lejos, vean cómo hay una batalla campal en Altamira todas las tardes.

 

Y sólo pienso que, desde algún lado, alguien se come su dulce de lechosa del más allá y se ríe: “Ji, ji, jiiii…”

 

No fue hasta que leí este post del blog Caracas Chronicles que me di cuenta. Más allá de cualquier bien que el ex presidente haya hecho para un sector del país, también hizo un daño enorme. Porque aquí ya todos, consciente o inconscientemente, estamos tomando el estilo del “Gigante” para muchas cosas, y no de la mejor manera. Aquí ya no se dialoga, aquí se impone, y se ve todo en blanco y negro. O estás conmigo o estás en contra de mí. Punto y se acabó. ¿Y cómo nos ha servido hasta ahora?

 

Muchos de la oposición se han radicalizado porque ya la situación está tan grave que la posibilidad de soportar esto hasta las elecciones de 2019 o hasta la mitad de período de Nicolás Maduro, cuando se le puede convocar un referéndum revocatorio, es inaceptable. No es que les pueda discutir, ni quiero: una inflación de casi 60%, una escasez de bienes inédita, una inseguridad rampante… Si esto es así al primer año de gobierno de Maduro, ¿cómo será hasta 2019?

 

Pero entonces, consideren la alternativa. Supongamos, por alguna intervención divina –o “divina”—Nicolás Maduro renuncia. Dudo que sea él solo, pero vámonos a ese supuesto. Si el Presidente renuncia dentro de los primeros cuatro años del mandato, según el artículo 233 de la Constitución, lo debe tomar el Vicepresidente. Se convoca a una nueva elección en 30 días. Ajá. ¿Se imaginan a Jorge Arreaza aflojando las cosas? Si creen que las cosas fueron dudosas luego de la muerte de Chávez, para asegurar que Maduro fuera electo –y de vaina lo lograron—, ¿cómo creen que la aplicarán si Maduro se les acobarda y renuncia?

 

Otra alternativa que he escuchado es que los militares le exijan la renuncia. Suponiendo que eso suceda, en un país donde las malas lenguas afirman de lo bien que vive el alto mando (los mismos que critican la casa en la que vive Ángel Vivas), recuerden que ese mismo mando militar son los que, sin mucha duda, le deben lealtad al que la revista The Atlantic llamó “el Frank Underwood de Venezuela”. Yo soy de los que está convencido que si los militares en efecto tumban a Maduro, es porque nuestro Frank particular lo ordenaría. No sé si llegaría a Presidente, porque estoy convencido que el tipo intimida más que mueve. Supongo que movería la vida para montar a alguien más cercano a él, y considerando la fama que el hombre tiene, ahí sí implicaría una guerra civil sacarlo. Y sabes, no.

 

Otra más: que TODO el gobierno renuncie. Maduro, Diosdado , Arreaza, Luisa Ortega, Carmen. Todos sin excepción. Una sola persona tuvo el tupé de recomendarme eso. No he conocido a nadie más que tenga esa temeridad. Mejor ni la consideramos.

 

Y la última, casi tan temeraria: que en efecto aquí vengan los Marines. Permítanme remitirlos a lo que sucedió en la Organización de Estados Americanos. Panamá había solicitado que la OEA convocara a los cancilleres de los países para analizar la situación de Venezuela. 29 votaron que era prematuro; Estados Unidos, Canadá y, claro, Panamá, votaron en contra. Claro que en ese contexto, este desafortunado titular de la agencia EFE –“Protestas en Venezuela alejan a Maduro de la OEA”—se entiende mejor: ya Venezuela apunta hacia la Unión de Naciones Suramericanas, para excluir a EEUU y Canadá, y donde, otra vez, el legado de Chávez actúa: atreverse a ir contra una nación hermana es traición al Sur entero. Si Venezuela dice que está actuando contra “grupos de derecha” que los quieren derrocar, pues esa es la verdad y punto. Y si Colombia, Chile y Panamá se atreven a abrir la boca para criticar, pues plomo (verbal) con ellos.

 

Entonces en ese aspecto, piensen que EEUU tuviera el tupé de mandarnos a invadir. Primero, el resto del mundo lo repudiaría, porque ya esto no son los 80 donde invadir a Panamá o a Granada no se recibe con un “ay que horror” y ya. George W. Bush bastante hizo para destruir la imagen de EEUU, y Barack Obama, a pesar de las “gaffes” que tenga, lo sabe. Una invasión de los Marines aquí sería tan descabellada como pensar que todo el gobierno renunciaría. Y honestamente, chicos, por favor, vamos a querernos un poquito; yo no quiero ser Irak, donde luego que se fue EEUU, el Gobierno está pariendo para controlar los grupos insurgentes. No gracias.

 

Entonces, ¿qué queda? No le va a gustar a mis amistades más radicales. Para desgracia de ellos y de la mayor parte de la oposición, la Mesa de la Unidad Democrática está venida un poco a menos, sin haber sabido bien cómo capitalizar las evidentes fallas que tiene Maduro. Entonces los más radicales de la oposición han surgido, y a esos siempre ha apuntado el Gobierno (otro legado de Chávez), haciéndolos ver como que ellos son la visión general de la oposición. Leopoldo López comenzó a hablar de “La Salida”, y automáticamente el Gobierno lo llamó fascista y lo encarceló. Empiezan a surgir las guarimbas, y quien las critique –empezando por mí—reciben la bendita pregunta: “Bueno, ¿y tú qué propones?”. Incluyéndome. La genial Naky Soto respondió esa pregunta mejor que yo:

 

Concentrémonos en un objetivo por vez. Seamos obsesos en la obtención de libertad plena para todos los apresados por protestar. Lograrlo supondrá un hito contra la criminalización de la protesta, estimulando la multiplicación de protestas creativas, como las de varias regiones que han logrado sumar gente siendo menos fervorosas en la potencial respuesta represiva de los cuerpos de seguridad del Estado, proyectando las razones de la denuncia y no la violencia obtenida por denunciar. Que la noticia sea la denuncia y no la violencia política.

 

Y luego, al fin, está Henrique Capriles. Una amiga mía que lo amaba con pasión ahora de casualidad y lo quiere ver. En especial después de esta entrevista con el diario El Tiempo de Colombia, donde finalmente explica por qué no apoyó a “La Salida”.

 

Quién quiere más cambio que yo en Venezuela, que he sido un afectado directo. Fui candidato en una elección que denunciamos amañada (la elección presidencial del 14 de abril de 2013), que no fue transparente, presentamos pruebas, agotamos la institucionalidad interna y terminamos en una instancia internacional por la situación de los poderes, que son los que tienen a Maduro allí.

Maduro ocupa la Presidencia por el control de los poderes, porque aquí se hubiese hecho la auditoría y se cae esa elección. Nadie tiene por qué dudar de que Capriles no quiera que cambie el Gobierno. Soy el primer interesado en que cambie el Gobierno. Pero, cuál ha sido mi planteamiento, que esa frase ‘Maduro, vete ya’ no conecta (con las mayorías). Eso fortalece una polarización que no ayuda, está claro que simplemente con la polarización no vamos a imponer el cambio.

Ese mensaje no conecta con los venezolanos que viven en los sectores populares. La mayoría de los venezolanos vive en barrios populares y ese mensaje no suma descontento. Para lograr un cambio en el país tienes que aglutinar todo ese descontento, toda esa fuerza que rompe la polarización.

 

Eso no quiere decir que considere que Maduro deba quedarse. De hecho, está claro que debe irse.

 

Porque no hay alimentos, porque la inflación es la más alta del mundo, porque la inseguridad crece, porque no hay empleo, porque las empresas están cerrando, porque la corrupción sigue galopando y no pasa nada, porque el Gobierno dice que no hay dólares pero ellos montaron el control de cambios y saben que se robaron 25 mil millones de dólares.

Si eso no lo llenas de contenido, no vas a lograr el cuándo. El cuándo no lo sabes tú, no lo sé yo, lo que te puedo decir es que si tu construyes un movimiento social, y tienes cómo hacerlo porque el descontento está, eso te va a permitir cambiar la posición de fuerza. ¿Cuál fuerza? No las armas, la fuerza para que una crisis política tenga el apoyo para plantarse frente al Gobierno y decirle: o usted cambia o nosotros cambiamos al Gobierno.

¿Qué planteaba yo con las elecciones municipales? Quedar en esa posición de fuerza. Frente a un robo electoral (los comicios presidenciales del 14 de abril), vamos a un proceso que es más fácil para resguardar (el municipal), vamos a convertirlo en una elección que nos permita quedar en una posición de fuerza frente al Gobierno para activar cualquier salida constitucional.

Al no lograr eso, qué hace el estratega: vamos a reorganizarnos, a recontarnos, a reaglutinarnos, vamos a dedicarnos a sumar porque sabemos que esa crisis nos va a permitir sumar gente y pasamos a la ofensiva.

¿Cuál es la autocrítica que hago? Esa visión no se la explicamos en detalle a un sector del país que es la clase media, no orientamos, no tuvimos un discurso para la clase media. Vino ese discurso que decía ¡vamos a sacar al Gobierno ya, salgan a las calles! y hubo un sector que reaccionó.

Ahora, no creo que lo que hoy hay de protesta esté vinculado a eso. Ya eso quedó atrás. Incluso, los que plantearon ‘La salida’ (Machado y López) ya no hablan de eso.

Esto ha ido migrando a un movimiento en la calle, que hay que seguir orientando para que se conecte con la protesta social. El año pasado hubo 5.000 protestas en el país. Esa protesta social no es excluyente de la protesta de los estudiantes, tienes que hacer que se encuentren y ese es el reto que tenemos ahora.

 

Esta clase de discurso no está calando en los mismos sectores de antes porque ya el grado de crispación está llegando a un punto que asusta. La idea de sentarse a dialogar con el otro, lograr un consenso, no existe. Debe ser destruido, humillado. Me asusta de pensar que uno de estos radicales llegue al poder. Si ahorita hay protestas violentas, ¿cómo sería así?

“Ji, ji, jiiii…”

Señores, a estas alturas creo que si esto no se resuelve por las buenas, pacíficamente, aquí se instalará una dictadura completica. Bien sea la involución de este Gobierno, que ha reprimido muchísimo más que el anterior, o la instalación de otro por la vía de la fuerza, que jamás ha dejado algo bueno, sea de chavismo o de oposición. No toda la oposición juega simplemente al “vete ya”, señores del chavismo. No todo el chavismo quiere aniquilar a la oposición. No importa cuánto algunos sectores los hayan convencido de que sí.

 

Todo esto me recuerda una vieja escena en una serie de televisión, Hunter (¡que pasaban en VTV!), que dos rivales de la Tríada china están en una confrontación final. El más pacífico le replica al otro, “Yo sólo quiero paz”. La respuesta: “Y yo te daré paz. Mi paz”.

 

“Puedes ganar con la mitad de la gente. Pero no puedes gobernar con la mitad en contra”.

-John Fitzgerald Kennedy.

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Los últimos 15 días

Un manifestante devuelve una bomba lacrimógena a la Guardia Nacional durante una protesta en Caracas. / AFP PHOTO / Juan Barreto

Mientras escribo esto, las protestas en Caracas están cumpliendo 15 días sin parar, aunque en opinión de muchas agencias de noticias, están bajando en intensidad, sin duda en parte por las festividades de Carnaval, que se ganaron dos días adicionales cortesía del presidente Nicolás Maduro, quien decidió decretar el 27 de febrero no laborable por los 25 años del “Caracazo”, y luego el 28 porque… puede, pues.

Claro, eso no es nada si lo comparamos con San Cristóbal. Las historias que salen de ahí hablan básicamente de una ciudad en guerra, que empezaron con protestas el pasado 4 de febrero, cuando una joven estudiante de la Universidad de los Andes sufrió un intento de violación y robo cerca del campus. Los estudiantes salieron a protestar, exigiendo al gobernador, José Gregorio Vielma Mora, mayor protección, y su respuesta fue mandarle la Guardia Nacional a dispersarlos. Desde entonces no han parado; los hechos del 12 de febrero sólo le dieron a los “gochos” nuevas razones para protestar; muchos negocios tienen 10 días sin abrir, y el transporte público cesó, por las barricadas (“guarimbas”, en lnguaje oficialista”), marchas y choques con la GNB. Ya es tal que el Gobierno debió enviar el batallón de paracaidistas. Vielma Mora brevemente se quejó de los excesos, hasta dijo que debía liberarse a Leopoldo López, y a la noche estaba gritando el guión de golpe de estado. Eso no detiene a la fuerza gocha, que ya incluso empezó a agarrarla con los símbolos más sagrados del chavismo. No andan jugando carrito, como quien dice.

Las protestas en Caracas han sido multitudinarias, sin duda, como In Focus demuestra esta semana. Una concentración cuando Leopoldo se entregó a las autoridades (mis cojones que negoció con el Gobierno, y ellos lo saben) debe haber excedido las 200.000 personas. Mínimo 100.000. Una multitudinaria concentración el sábado 21, a la que asistí, ocupó más de cinco kilómetros, desde Petare hasta Parque del Este. La gente se ha movilizado, sin duda. Aquí también han salido las barricadas, como siempre han salido desde 2004, en lo mismos sitios.

En. Los mismos. Sitios.

¿Qué demonios tenemos que hacer para aprender que las guarimbas jamás logran nada, sino hacer arrechar a unos pocos?

En esa concentración a la que asistí, uno de los pocos políticos sensatos que quedan cerró el acto. El hombre está un poco caído a menos, qué con su inhabilidad para cobrar lo que estoy seguro fue un apretado triunfo el pasado 14 de abril, que no ha sabido convertir el descontento en acción, pero sin duda ha demostrado, para citar a Batman, que es el líder que necesitamos, no el que nos merecemos. El discurso de Henrique Capriles del pasado 21 de febrero, que pueden ver aquí, dijo exactamente lo que yo he pensado cada vez que veo un grupo gritando, como vi en El Cafetal, “si a usted le molesta el tráfico, a mí me molesta la situación del país”. Es en la marca 10:50 de su discurso:

Yo le pido por favor a los que protestan que no se encierren con ustedes mismos. ¿Qué gana usted encerrándose en su propia calle? ¿A quién va a convencer encerrándose en su propia calle si ya están todos convencidos? A este gobierno le interesa que la protesta sea en Altamira y no en Catia. Y todos los días alimenta esa protesta en Altamira.
Todas las guarimbas, todas sin excepción, son al este y sureste de Caracas. Todas. Hay una que otra en El Paraíso, pero no dura más que unas horas. ¿Dónde están las protestas en Catia? Una amiga me dijo que ha escuchado todas estas noches cacerolazos en Catia, y Saverio Vivas, coordinador de organización de Primero Justicia que vive en la zona y alguien que ustedes ciertamente deben seguir en Twitter, revela muchas cosas de ella que uno no piensa. ¿Pero guarimbas? ¿Protestas? ¿Manifestaciones? Lo mismo al sur de Valencia. Maracay ahora lidia con saqueos, más allá de las protestas. No digo que no han habido manifestaciones en zonas tradicionalmente chavistas, pues sí las hay, en La Candelaria, Coche, Montalbán, hasta la ciudad de Anaco en Anzoátegui tuvo una, pero saben…

Hay un audio circulando por WhatsApp y Blackberry de una chica que le reclama a los que se quejan de las guarimbas. Aunque me estoy quejando de ellas, debo decir que estoy de acuerdo con ella. Hay demasiada indiferencia en estas urbanizaciones. Hay demasiados que ven las noticias, dicen “ay que horror” y ya. Demasiado conformismo. Demasiado “bueno si yo estoy bien…” Pero díganme, ¿quién está realmente bien? Norkys Batista, la futura señora de Rodríguez, se quejó en estos días que su hijo pasó siete días con fiebre porque no encontraba su antibiótico. Aún veo las colas frente al Bicentenario (antiguo Cada) de Las Mercedes. Oigo los cuentos de trueques entre familias: “Ayer conseguí jabón, pero nada con la leche”. “Yo te puedo dar dos, que ayer encontré. ¿Te sobra el jabón?” Y no olvidemos que hay 25.000 personas que ya no pueden ir a trabajar, al cine, a la playa o a protestar, porque se los llevó el hampa en 2013. Ah pero mientras tanto el Gobierno insiste que vamos camino a ser mejor que Europa, que esto es todo cuestión de unos hijos de puta que no aceptan sus derrotas “en buena lid” (porque nadie abusó en campaña ni mucho menos) y otros coñemadres empresarios que andan escondiendo toda vaina con tal de estrangular el Gobierno que VALIENNNNNTEMENTE enfrenta la GUERRRA ECONÓMICAAAAA del FASCISMOOOOO (de paso, por favor busquen lo que es fascismo, ¿sí?). De bolas que hay muchas razones para andar arrecho, muchísimos incentivos para manifestar, para querer irse al diablo y renegar del gentilicio.

Pero por amor al Creador, háganlo bien. Y entiendan de una vez, esta vaina no se va a acabar con un golpe de Estado, o con la renuncia de Maduro, porque luego por ley se tiene que montar Diosdado. Dios nos agarre confesados.

Miren, Karelia Vásquez, una politóloga de Barquisimeto que también necesitan seguir en Twitter, lo dijo mejor que yo precisamente por ahí, así que les dejo la cruda verdad de su puño y letra (o tecla y letra).




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A los que celebrarán el amor hoy

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Antes he escrito sobre el día de hoy, con un poquito de cinismo del que se las quiere dar de intelectual o de distante. No sé si he simplemente cambiado mi punto de vista o en realidad soy un hipócrita, porque la verdad es que yo soy el primero que regala aunque sea un detallito este día, envía un mensaje a un ser querido, agradece el gesto que se pueda tener a su favor.

Hoy no celebro el Día de los Enamorados. No sólo porque no tengo con quién celebrarlo, sino porque ciertamente no hay nada qué celebrar. Pero el Día del Amor… Creo que es algo que debe celebrarse.

No hay que despreciar a los que celebran sinceramente el amor, el más importante y necesario sentimiento que hay en la actualidad. Pero creo que hay que poner cosas en perspectiva. Y me disculpan si les estoy aguando la fiesta a alguno.

Juan Montoya, dirigente de una sociedad que dirige 107 colectivos de la Gran Caracas; Bassil da Costa, estudiante de mercadeo de la Alejandro Humboldt, y Roberto Redman, además de los 66 heridos y los cientos de detenidos, algunos aún sin aparecer, son un cruel recordatorio que Venezuela es una dura pareja de amar, una que recuerda que ahorita las cosas no están para flores y chocolates. Y al mismo tiempo, recuerdan que precisamente nos falta haberle mostrado el cariñito correspondiente. Por tantos maltratos, dejamos llegar a un punto en que hay más odio que amor en las calles, en las familias.

A los que van a salir a celebrar el amor que se tienen, además del eterno recordatorio que el amor se debe celebrar todos los días, aprovechen para detenerse un momento y agradecer que hay ese sentimiento entre ustedes. Piensen en lo afortunados que son al tener a alguien que se preocupa por ustedes, que quiere estar con ustedes por un sentimiento, no por un interés.

Y mañana demuestren el otro amor, amor por sus vecinos, prójimos, su país. Ayuden a uno más débil o más chiquito, contribuyan con algo en su cuadra, no lancen basura, no hablen pestes si no son verdad. No celebren el día de hoy como un día más, hagan que el amor vaya más allá de una rosa roja o un bombón.

Feliz día del amor, Venezuela. Feliz día a los enamorados. Que llegue el día en que podamos ser un poquito cursis sin sentirnos mal por ello.

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