“Yo te daré paz. MI paz”

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Hoy me di cuenta de dos cosas fundamentales. La primera fue que no puedo escapar de la realidad del país ni que lo intente. Hoy decidí olvidarme de las tres semanas from hell que todos hemos vivido de una manera u otra, y me lancé al Trasnocho Cultural. Entré con una amiga a ver la impresionante 12 Años de Esclavitud, para pagar mi deuda con Oscar y ver su gran consentida. Steve McQueen y su compañía hicieron excelente trabajo, por decir lo menos.

 

Como a una hora de la película, tal vez menos, una pareja se para y empieza a irse. En la puerta, una señora se voltea y dice a todo pulmón, “¡Así estamos nosotros! ¡Así estamos!”, y se fue.

 

Ayer, vi cómo dos personas ponían en Twitter los nombres y direcciones tanto de personas que montaban barricadas como de miembros de supuestos colectivos. Vi incluso a alguien decir “Si tienen cacerolas vayan a tal lado, que Roque está comiendo ahí”. Veo chavistas abiertamente amenazando gente con 9 mm. Veo los ataques de opositores en las barricadas. Vean cómo mi amigo Cristian Hernández fue batuqueado contra el piso en Altamira (esa es la foto que está arriba). Sin ir muy lejos, vean cómo hay una batalla campal en Altamira todas las tardes.

 

Y sólo pienso que, desde algún lado, alguien se come su dulce de lechosa del más allá y se ríe: “Ji, ji, jiiii…”

 

No fue hasta que leí este post del blog Caracas Chronicles que me di cuenta. Más allá de cualquier bien que el ex presidente haya hecho para un sector del país, también hizo un daño enorme. Porque aquí ya todos, consciente o inconscientemente, estamos tomando el estilo del “Gigante” para muchas cosas, y no de la mejor manera. Aquí ya no se dialoga, aquí se impone, y se ve todo en blanco y negro. O estás conmigo o estás en contra de mí. Punto y se acabó. ¿Y cómo nos ha servido hasta ahora?

 

Muchos de la oposición se han radicalizado porque ya la situación está tan grave que la posibilidad de soportar esto hasta las elecciones de 2019 o hasta la mitad de período de Nicolás Maduro, cuando se le puede convocar un referéndum revocatorio, es inaceptable. No es que les pueda discutir, ni quiero: una inflación de casi 60%, una escasez de bienes inédita, una inseguridad rampante… Si esto es así al primer año de gobierno de Maduro, ¿cómo será hasta 2019?

 

Pero entonces, consideren la alternativa. Supongamos, por alguna intervención divina –o “divina”—Nicolás Maduro renuncia. Dudo que sea él solo, pero vámonos a ese supuesto. Si el Presidente renuncia dentro de los primeros cuatro años del mandato, según el artículo 233 de la Constitución, lo debe tomar el Vicepresidente. Se convoca a una nueva elección en 30 días. Ajá. ¿Se imaginan a Jorge Arreaza aflojando las cosas? Si creen que las cosas fueron dudosas luego de la muerte de Chávez, para asegurar que Maduro fuera electo –y de vaina lo lograron—, ¿cómo creen que la aplicarán si Maduro se les acobarda y renuncia?

 

Otra alternativa que he escuchado es que los militares le exijan la renuncia. Suponiendo que eso suceda, en un país donde las malas lenguas afirman de lo bien que vive el alto mando (los mismos que critican la casa en la que vive Ángel Vivas), recuerden que ese mismo mando militar son los que, sin mucha duda, le deben lealtad al que la revista The Atlantic llamó “el Frank Underwood de Venezuela”. Yo soy de los que está convencido que si los militares en efecto tumban a Maduro, es porque nuestro Frank particular lo ordenaría. No sé si llegaría a Presidente, porque estoy convencido que el tipo intimida más que mueve. Supongo que movería la vida para montar a alguien más cercano a él, y considerando la fama que el hombre tiene, ahí sí implicaría una guerra civil sacarlo. Y sabes, no.

 

Otra más: que TODO el gobierno renuncie. Maduro, Diosdado , Arreaza, Luisa Ortega, Carmen. Todos sin excepción. Una sola persona tuvo el tupé de recomendarme eso. No he conocido a nadie más que tenga esa temeridad. Mejor ni la consideramos.

 

Y la última, casi tan temeraria: que en efecto aquí vengan los Marines. Permítanme remitirlos a lo que sucedió en la Organización de Estados Americanos. Panamá había solicitado que la OEA convocara a los cancilleres de los países para analizar la situación de Venezuela. 29 votaron que era prematuro; Estados Unidos, Canadá y, claro, Panamá, votaron en contra. Claro que en ese contexto, este desafortunado titular de la agencia EFE –“Protestas en Venezuela alejan a Maduro de la OEA”—se entiende mejor: ya Venezuela apunta hacia la Unión de Naciones Suramericanas, para excluir a EEUU y Canadá, y donde, otra vez, el legado de Chávez actúa: atreverse a ir contra una nación hermana es traición al Sur entero. Si Venezuela dice que está actuando contra “grupos de derecha” que los quieren derrocar, pues esa es la verdad y punto. Y si Colombia, Chile y Panamá se atreven a abrir la boca para criticar, pues plomo (verbal) con ellos.

 

Entonces en ese aspecto, piensen que EEUU tuviera el tupé de mandarnos a invadir. Primero, el resto del mundo lo repudiaría, porque ya esto no son los 80 donde invadir a Panamá o a Granada no se recibe con un “ay que horror” y ya. George W. Bush bastante hizo para destruir la imagen de EEUU, y Barack Obama, a pesar de las “gaffes” que tenga, lo sabe. Una invasión de los Marines aquí sería tan descabellada como pensar que todo el gobierno renunciaría. Y honestamente, chicos, por favor, vamos a querernos un poquito; yo no quiero ser Irak, donde luego que se fue EEUU, el Gobierno está pariendo para controlar los grupos insurgentes. No gracias.

 

Entonces, ¿qué queda? No le va a gustar a mis amistades más radicales. Para desgracia de ellos y de la mayor parte de la oposición, la Mesa de la Unidad Democrática está venida un poco a menos, sin haber sabido bien cómo capitalizar las evidentes fallas que tiene Maduro. Entonces los más radicales de la oposición han surgido, y a esos siempre ha apuntado el Gobierno (otro legado de Chávez), haciéndolos ver como que ellos son la visión general de la oposición. Leopoldo López comenzó a hablar de “La Salida”, y automáticamente el Gobierno lo llamó fascista y lo encarceló. Empiezan a surgir las guarimbas, y quien las critique –empezando por mí—reciben la bendita pregunta: “Bueno, ¿y tú qué propones?”. Incluyéndome. La genial Naky Soto respondió esa pregunta mejor que yo:

 

Concentrémonos en un objetivo por vez. Seamos obsesos en la obtención de libertad plena para todos los apresados por protestar. Lograrlo supondrá un hito contra la criminalización de la protesta, estimulando la multiplicación de protestas creativas, como las de varias regiones que han logrado sumar gente siendo menos fervorosas en la potencial respuesta represiva de los cuerpos de seguridad del Estado, proyectando las razones de la denuncia y no la violencia obtenida por denunciar. Que la noticia sea la denuncia y no la violencia política.

 

Y luego, al fin, está Henrique Capriles. Una amiga mía que lo amaba con pasión ahora de casualidad y lo quiere ver. En especial después de esta entrevista con el diario El Tiempo de Colombia, donde finalmente explica por qué no apoyó a “La Salida”.

 

Quién quiere más cambio que yo en Venezuela, que he sido un afectado directo. Fui candidato en una elección que denunciamos amañada (la elección presidencial del 14 de abril de 2013), que no fue transparente, presentamos pruebas, agotamos la institucionalidad interna y terminamos en una instancia internacional por la situación de los poderes, que son los que tienen a Maduro allí.

Maduro ocupa la Presidencia por el control de los poderes, porque aquí se hubiese hecho la auditoría y se cae esa elección. Nadie tiene por qué dudar de que Capriles no quiera que cambie el Gobierno. Soy el primer interesado en que cambie el Gobierno. Pero, cuál ha sido mi planteamiento, que esa frase ‘Maduro, vete ya’ no conecta (con las mayorías). Eso fortalece una polarización que no ayuda, está claro que simplemente con la polarización no vamos a imponer el cambio.

Ese mensaje no conecta con los venezolanos que viven en los sectores populares. La mayoría de los venezolanos vive en barrios populares y ese mensaje no suma descontento. Para lograr un cambio en el país tienes que aglutinar todo ese descontento, toda esa fuerza que rompe la polarización.

 

Eso no quiere decir que considere que Maduro deba quedarse. De hecho, está claro que debe irse.

 

Porque no hay alimentos, porque la inflación es la más alta del mundo, porque la inseguridad crece, porque no hay empleo, porque las empresas están cerrando, porque la corrupción sigue galopando y no pasa nada, porque el Gobierno dice que no hay dólares pero ellos montaron el control de cambios y saben que se robaron 25 mil millones de dólares.

Si eso no lo llenas de contenido, no vas a lograr el cuándo. El cuándo no lo sabes tú, no lo sé yo, lo que te puedo decir es que si tu construyes un movimiento social, y tienes cómo hacerlo porque el descontento está, eso te va a permitir cambiar la posición de fuerza. ¿Cuál fuerza? No las armas, la fuerza para que una crisis política tenga el apoyo para plantarse frente al Gobierno y decirle: o usted cambia o nosotros cambiamos al Gobierno.

¿Qué planteaba yo con las elecciones municipales? Quedar en esa posición de fuerza. Frente a un robo electoral (los comicios presidenciales del 14 de abril), vamos a un proceso que es más fácil para resguardar (el municipal), vamos a convertirlo en una elección que nos permita quedar en una posición de fuerza frente al Gobierno para activar cualquier salida constitucional.

Al no lograr eso, qué hace el estratega: vamos a reorganizarnos, a recontarnos, a reaglutinarnos, vamos a dedicarnos a sumar porque sabemos que esa crisis nos va a permitir sumar gente y pasamos a la ofensiva.

¿Cuál es la autocrítica que hago? Esa visión no se la explicamos en detalle a un sector del país que es la clase media, no orientamos, no tuvimos un discurso para la clase media. Vino ese discurso que decía ¡vamos a sacar al Gobierno ya, salgan a las calles! y hubo un sector que reaccionó.

Ahora, no creo que lo que hoy hay de protesta esté vinculado a eso. Ya eso quedó atrás. Incluso, los que plantearon ‘La salida’ (Machado y López) ya no hablan de eso.

Esto ha ido migrando a un movimiento en la calle, que hay que seguir orientando para que se conecte con la protesta social. El año pasado hubo 5.000 protestas en el país. Esa protesta social no es excluyente de la protesta de los estudiantes, tienes que hacer que se encuentren y ese es el reto que tenemos ahora.

 

Esta clase de discurso no está calando en los mismos sectores de antes porque ya el grado de crispación está llegando a un punto que asusta. La idea de sentarse a dialogar con el otro, lograr un consenso, no existe. Debe ser destruido, humillado. Me asusta de pensar que uno de estos radicales llegue al poder. Si ahorita hay protestas violentas, ¿cómo sería así?

“Ji, ji, jiiii…”

Señores, a estas alturas creo que si esto no se resuelve por las buenas, pacíficamente, aquí se instalará una dictadura completica. Bien sea la involución de este Gobierno, que ha reprimido muchísimo más que el anterior, o la instalación de otro por la vía de la fuerza, que jamás ha dejado algo bueno, sea de chavismo o de oposición. No toda la oposición juega simplemente al “vete ya”, señores del chavismo. No todo el chavismo quiere aniquilar a la oposición. No importa cuánto algunos sectores los hayan convencido de que sí.

 

Todo esto me recuerda una vieja escena en una serie de televisión, Hunter (¡que pasaban en VTV!), que dos rivales de la Tríada china están en una confrontación final. El más pacífico le replica al otro, “Yo sólo quiero paz”. La respuesta: “Y yo te daré paz. Mi paz”.

 

“Puedes ganar con la mitad de la gente. Pero no puedes gobernar con la mitad en contra”.

-John Fitzgerald Kennedy.

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Los últimos 15 días

Un manifestante devuelve una bomba lacrimógena a la Guardia Nacional durante una protesta en Caracas. / AFP PHOTO / Juan Barreto

Mientras escribo esto, las protestas en Caracas están cumpliendo 15 días sin parar, aunque en opinión de muchas agencias de noticias, están bajando en intensidad, sin duda en parte por las festividades de Carnaval, que se ganaron dos días adicionales cortesía del presidente Nicolás Maduro, quien decidió decretar el 27 de febrero no laborable por los 25 años del “Caracazo”, y luego el 28 porque… puede, pues.

Claro, eso no es nada si lo comparamos con San Cristóbal. Las historias que salen de ahí hablan básicamente de una ciudad en guerra, que empezaron con protestas el pasado 4 de febrero, cuando una joven estudiante de la Universidad de los Andes sufrió un intento de violación y robo cerca del campus. Los estudiantes salieron a protestar, exigiendo al gobernador, José Gregorio Vielma Mora, mayor protección, y su respuesta fue mandarle la Guardia Nacional a dispersarlos. Desde entonces no han parado; los hechos del 12 de febrero sólo le dieron a los “gochos” nuevas razones para protestar; muchos negocios tienen 10 días sin abrir, y el transporte público cesó, por las barricadas (“guarimbas”, en lnguaje oficialista”), marchas y choques con la GNB. Ya es tal que el Gobierno debió enviar el batallón de paracaidistas. Vielma Mora brevemente se quejó de los excesos, hasta dijo que debía liberarse a Leopoldo López, y a la noche estaba gritando el guión de golpe de estado. Eso no detiene a la fuerza gocha, que ya incluso empezó a agarrarla con los símbolos más sagrados del chavismo. No andan jugando carrito, como quien dice.

Las protestas en Caracas han sido multitudinarias, sin duda, como In Focus demuestra esta semana. Una concentración cuando Leopoldo se entregó a las autoridades (mis cojones que negoció con el Gobierno, y ellos lo saben) debe haber excedido las 200.000 personas. Mínimo 100.000. Una multitudinaria concentración el sábado 21, a la que asistí, ocupó más de cinco kilómetros, desde Petare hasta Parque del Este. La gente se ha movilizado, sin duda. Aquí también han salido las barricadas, como siempre han salido desde 2004, en lo mismos sitios.

En. Los mismos. Sitios.

¿Qué demonios tenemos que hacer para aprender que las guarimbas jamás logran nada, sino hacer arrechar a unos pocos?

En esa concentración a la que asistí, uno de los pocos políticos sensatos que quedan cerró el acto. El hombre está un poco caído a menos, qué con su inhabilidad para cobrar lo que estoy seguro fue un apretado triunfo el pasado 14 de abril, que no ha sabido convertir el descontento en acción, pero sin duda ha demostrado, para citar a Batman, que es el líder que necesitamos, no el que nos merecemos. El discurso de Henrique Capriles del pasado 21 de febrero, que pueden ver aquí, dijo exactamente lo que yo he pensado cada vez que veo un grupo gritando, como vi en El Cafetal, “si a usted le molesta el tráfico, a mí me molesta la situación del país”. Es en la marca 10:50 de su discurso:

Yo le pido por favor a los que protestan que no se encierren con ustedes mismos. ¿Qué gana usted encerrándose en su propia calle? ¿A quién va a convencer encerrándose en su propia calle si ya están todos convencidos? A este gobierno le interesa que la protesta sea en Altamira y no en Catia. Y todos los días alimenta esa protesta en Altamira.
Todas las guarimbas, todas sin excepción, son al este y sureste de Caracas. Todas. Hay una que otra en El Paraíso, pero no dura más que unas horas. ¿Dónde están las protestas en Catia? Una amiga me dijo que ha escuchado todas estas noches cacerolazos en Catia, y Saverio Vivas, coordinador de organización de Primero Justicia que vive en la zona y alguien que ustedes ciertamente deben seguir en Twitter, revela muchas cosas de ella que uno no piensa. ¿Pero guarimbas? ¿Protestas? ¿Manifestaciones? Lo mismo al sur de Valencia. Maracay ahora lidia con saqueos, más allá de las protestas. No digo que no han habido manifestaciones en zonas tradicionalmente chavistas, pues sí las hay, en La Candelaria, Coche, Montalbán, hasta la ciudad de Anaco en Anzoátegui tuvo una, pero saben…

Hay un audio circulando por WhatsApp y Blackberry de una chica que le reclama a los que se quejan de las guarimbas. Aunque me estoy quejando de ellas, debo decir que estoy de acuerdo con ella. Hay demasiada indiferencia en estas urbanizaciones. Hay demasiados que ven las noticias, dicen “ay que horror” y ya. Demasiado conformismo. Demasiado “bueno si yo estoy bien…” Pero díganme, ¿quién está realmente bien? Norkys Batista, la futura señora de Rodríguez, se quejó en estos días que su hijo pasó siete días con fiebre porque no encontraba su antibiótico. Aún veo las colas frente al Bicentenario (antiguo Cada) de Las Mercedes. Oigo los cuentos de trueques entre familias: “Ayer conseguí jabón, pero nada con la leche”. “Yo te puedo dar dos, que ayer encontré. ¿Te sobra el jabón?” Y no olvidemos que hay 25.000 personas que ya no pueden ir a trabajar, al cine, a la playa o a protestar, porque se los llevó el hampa en 2013. Ah pero mientras tanto el Gobierno insiste que vamos camino a ser mejor que Europa, que esto es todo cuestión de unos hijos de puta que no aceptan sus derrotas “en buena lid” (porque nadie abusó en campaña ni mucho menos) y otros coñemadres empresarios que andan escondiendo toda vaina con tal de estrangular el Gobierno que VALIENNNNNTEMENTE enfrenta la GUERRRA ECONÓMICAAAAA del FASCISMOOOOO (de paso, por favor busquen lo que es fascismo, ¿sí?). De bolas que hay muchas razones para andar arrecho, muchísimos incentivos para manifestar, para querer irse al diablo y renegar del gentilicio.

Pero por amor al Creador, háganlo bien. Y entiendan de una vez, esta vaina no se va a acabar con un golpe de Estado, o con la renuncia de Maduro, porque luego por ley se tiene que montar Diosdado. Dios nos agarre confesados.

Miren, Karelia Vásquez, una politóloga de Barquisimeto que también necesitan seguir en Twitter, lo dijo mejor que yo precisamente por ahí, así que les dejo la cruda verdad de su puño y letra (o tecla y letra).




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A los que celebrarán el amor hoy

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Antes he escrito sobre el día de hoy, con un poquito de cinismo del que se las quiere dar de intelectual o de distante. No sé si he simplemente cambiado mi punto de vista o en realidad soy un hipócrita, porque la verdad es que yo soy el primero que regala aunque sea un detallito este día, envía un mensaje a un ser querido, agradece el gesto que se pueda tener a su favor.

Hoy no celebro el Día de los Enamorados. No sólo porque no tengo con quién celebrarlo, sino porque ciertamente no hay nada qué celebrar. Pero el Día del Amor… Creo que es algo que debe celebrarse.

No hay que despreciar a los que celebran sinceramente el amor, el más importante y necesario sentimiento que hay en la actualidad. Pero creo que hay que poner cosas en perspectiva. Y me disculpan si les estoy aguando la fiesta a alguno.

Juan Montoya, dirigente de una sociedad que dirige 107 colectivos de la Gran Caracas; Bassil da Costa, estudiante de mercadeo de la Alejandro Humboldt, y Roberto Redman, además de los 66 heridos y los cientos de detenidos, algunos aún sin aparecer, son un cruel recordatorio que Venezuela es una dura pareja de amar, una que recuerda que ahorita las cosas no están para flores y chocolates. Y al mismo tiempo, recuerdan que precisamente nos falta haberle mostrado el cariñito correspondiente. Por tantos maltratos, dejamos llegar a un punto en que hay más odio que amor en las calles, en las familias.

A los que van a salir a celebrar el amor que se tienen, además del eterno recordatorio que el amor se debe celebrar todos los días, aprovechen para detenerse un momento y agradecer que hay ese sentimiento entre ustedes. Piensen en lo afortunados que son al tener a alguien que se preocupa por ustedes, que quiere estar con ustedes por un sentimiento, no por un interés.

Y mañana demuestren el otro amor, amor por sus vecinos, prójimos, su país. Ayuden a uno más débil o más chiquito, contribuyan con algo en su cuadra, no lancen basura, no hablen pestes si no son verdad. No celebren el día de hoy como un día más, hagan que el amor vaya más allá de una rosa roja o un bombón.

Feliz día del amor, Venezuela. Feliz día a los enamorados. Que llegue el día en que podamos ser un poquito cursis sin sentirnos mal por ello.

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Carta a una mujer que quizá no exista

Estimada. O quizá amada. Ciertamente querida:

Lanzo esta carta al mar que es Internet en la botella que es mi blog no tanto en la esperanza que me leas, sino en la espera que yo cumpla lo que aquí escribo. Si en efecto llega a tus ojos, pues doblemente apreciada será mi labor.

2013 está drenando los últimos granos de arena de su reloj, momento en que alrededor del mundo todos esperan entusiasmados poder celebrar la vuelta de la página universal, que todos esperamos que sea renovación, nuevos planes, nueva esperanza. Cuando en realidad casi todos sabemos que a pesar del cambio, todo se mantendrá igual; lo único que podemos hacer es mejorar.

Te quise escribir esta carta porque quiero prometerlo algo a alguien que he conocido toda la vida sin nunca siquiera dirigirle la palabra. Es la mujer con la que finalmente formaré una familia, la que me hará finalmente graduarme de hijo a padre, de esposo a cabeza de familia. Sé que existes, pero aún no sé si estás en mi vida, si ya llegaste a ella, o si ya te manifestaste como tal. No sé si eres alguien con la que ya tuve algo, si prono tendré. No sé si te acabo de conocer o si te conocí hace años. No sé ni siquiera si existas.

Pero esto te prometo. 2014 debe convertirse en el año en que te pueda ofrecer estabilidad. Debe ser el año en que me puedas ver y digas, “Este hombre será un soporte de familia responsable, un buen padre y un esposo diligente y amante, que me hará reír cuando lo necesito y estará ahí cuando me vea llorar”.

Te prometo que 2014 será el año en que dé un paso más cerca que mi perrito volverá a mí, pues será un año en que consiga ese hogar que tanta falta le hace, que pueda acoger a otros seres humanos que ayuden a cuidarlo: hijos y esposa. Que espero seas tú.

2014, te aseguro, será el año en que empezaré a cumplir más sueños, pero sobre todo a asumir nuevas responsabilidades. ¿Podré tomar mi curso de locución? ¿Ascenderé en mi trabajo? ¿Podré colaborar para otros medios? Sólo yo tengo esa respuesta. Te prometo, querida desconocida, que ese será mi Norte para este año que ya anuncia su llegada.

No sé quién seas, querida, no sé si existas o si te conoceré este año. Pero te prometo que cuando llegues, si lo hicieras en los próximos 12 meses, me encontrarás un buen prospecto para tu futuro, para el de nuestros hijos y para nuestras mascotas. Porque te aseguro, 2013 fue un año de enseñanzas y esperanzas, de modo que 2014 debe ser un año de acciones y experiencias.

¿Existes? Si es así, te espero. Sé que valdré la pena.

Feliz 2014 a todos ustedes que aún me leen por aquí, y espero que para este año lo sigan haciendo. Abrazos a todos.

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Mandela y nuestras elecciones

DEBBIE YAZBEK / MANDELA FOUNDATION / AFP

Nelson Mandela siempre estuvo en el tope de mi lista de personas –y en la de muchos, estoy seguro—por lo que hubiera dado todo poder conocer, simplemente estrecharle la mano y decirle “gracias” por su inspiración. Lo más cerca que llegué a hacerlo fue cuando mi mejor amigo se lo encontró en un hotel en Trinidad y Tobago para alguna cumbre a la que asistió. Lo cierto es que sin duda, Nelson Mandela fue uno de mis héroes. Representa todo lo que quisiera ser en un ser humano, con todo y sus defectos. Como el sitio The Onion tan elocuentemente lo dijo, se convirtió en el primer político que realmente será extrañado.

Y lo que me hace sentir tan bien sobre admirar a alguien como “Madiba” es que el hombre era eso, un hombre. Extraordinario, sí, pero de tan carne y hueso como yo. Como la venidera película Mandela: Long Walk To Freedom claramente expone –basada en su autobiografía, que también deberían leer—él no siempre fue el ícono de la paz y de la entereza a la que estamos acostumbrados a ver. El ex boxeador de la aldea de Qunu en Sudáfrica estuvo en la lista de terroristas de la CIA hasta 2008, y con bastante razón: él mismo bombardeó varios edificios gubernamentales y estaba listo para la lucha armada. Miren la primera entrevista televisiva que ofreció, en 1962, cuando tenía 42 años. Sí, dijo que “los africanos quieren, necesitan la franquicia, de Un Voto Una Persona –quieren independencia política”. Al final, cuando estaban al punto de la mayor violencia policial, Mandela estaba seriamente considerando ir a la lucha armada, más que nada porque el gobierno sudafricano le cerró todas las vías pacíficas. Quizá la historia lo haya visto, y seguramente habría terminado, como uno de sus héroes: Ernesto “Che” Guevara.

Ah, ¿y todas esas fotos que han salido de Mandela con Fidel Castro? Muy ciertas. Mandela y el dictador cubano tuvieron una estrecha amistad durante años. “Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro, una torre de fuerza”, dijo Mandela alguna vez. Y sería el colmo que no: Cuba siempre fue de los primeros países que se pronunció en contra de la política del apartheid en Sudáfrica. De hecho, fue más allá: Cuba envió tropas a Angola, cuya insurgencia operaba con el gobierno sudafricano. En la batalla de Cuito Cuanavale, las tropas cubanas jugaron un rol decisivo para detener el avance angoleño sobre el nacimiento de la muerte del apartheid. Eso fue algo que Mandela nunca olvidó, y ciertamente Cuba nunca olvidará.

De hecho, cuando Mandela finalmente fue liberado en 1990 luego de 27 años de prisión, Mandela afirmó que “tenía tres amigos en el mundo, y voy a ir a visitarlos”. El primero fue Fidel Castro; el segundo, Yasser Arafat, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (varias veces comparó la lucha contra el apartheid con la colonización palestina de Israel; ¿será por eso que Benjamín Netanyahu no puede costear ir a su funeral?); y el tercero, y quizá el más controversial, Mohamar Khadafi, el dictador libio. Tan es así que uno de los nietos de Madiba se llama Khadafi en su homenaje. Tampoco sorprende: el excéntrico líder libio fue una de las principales voces en contra del apartheid, uno de los principales financistas de la campaña electoral de Mandela –aunque dudo que la haya necesitado—y uno de los impulsores para crear la Unión Africana de Naciones. Cuando el presiente de Estados Unidos Bill Clinton –quien también fue muy amigo de Mandela—quiso presionarlo para distanciarle de Khadafi, la respuesta de Madiba fue muy clara: “Quienes se sientan irritados a nuestra amistad con el coronel Khadafi pueden saltar a una piscina”.

Pero la obra posterior de Madiba opaca cualquier amistad vergonzosa –para el resto del mundo, no para él—que haya podido tener. En su vida, Nelson Mandela no tuvo un verdadero desencuentro con ningún líder mundial prominente. Traten de decirme de un verdadero conflicto que el hombre haya tenido en su vida. Es porque, de cierto modo, la cárcel fue lo mejor que le pudo suceder. Lo calmó. Lo hizo ver que la violencia sólo genera más violencia. Hizo que viera que al final, todo lo que los sudafricanos querían era vivir en sana paz. Y se aseguró de tratar a todos como esperaba que lo trataran a él.

John Carlin, en su libro El Factor Humano, donde narra el trabajo que Mandela hizo para lograr una Sudáfrica unida, que culminó en el triunfo de la selección nacional en el Mundial de Rugby en 1996 (luego adaptado en 2009 como la película Invictus, con Morgan Freeman y Matt Damon), destaca un evento en que su abogado fue a visitarlo en la isla de Robben, donde pasó la mayor parte de sus 27 años de prisión, que ilustra para mí perfectamente cómo Mandela logró precisamente un cambio en los sudafricanos. En ese momento tenía un contingente de guardias cuidándolo, y cuando llegó su abogado, Mandela lo abrazó, habló dos minutos con él, y de repente dijo: “Oye, disculpa, no te he presentado a mis guardias”. Se acordaba de cada uno de sus nombres, y los trataba con el mayor de los respetos. Los guardias estaban atónitos. Así era Mandela: se aseguraba que todos estuvieran cómodos en su presencia, abiertos al diálogo, y entonces él les expresaba lo que quería, y veía qué podía ofrecerles a cambio.

Diálogo. Fue siempre lo que Mandela buscó el instante que fue liberado de prisión. Buscó que todos sus compatriotas, blancos y negros por igual, se sintieron como parte de una sola razón. Como dijo uno de los primeros presidentes en declarar luego que Mandela muriera, Sebastián Piñera, "No sólo trabajó por la recuperación de la democracia, tuvo la generosidad de saber perdonar, luchar toda su vida por pacificar a su país".

Perdonar. Los negros en Sudáfrica habían sufrido la peor clase de matanza y persecución y discriminación desde los judíos durante el nazismo. Y por una notable minoría blanca que los veía como perros. Kaffirs, los llamaba, el equivalente a “nigger” de los gringos. Y Mandela pasó años no sólo viendo eso, sino sufriendo miles de humillaciones desde la cárcel. Pero él supo salir de eso. Supo estar por encima de los odios y las discriminaciones, y salió buscando convertir a Sudáfrica en lo que es hoy: la nación más próspera del continente africano. Quizá no sea decir mucho –su PIB es de 11.600 dólares per cápita, tiene un 22,7% de desempleo, tiene la mayor tasa de mortalidad anual del mundo (17,36 por cada 1.000 habitantes), una expectativa de vida promedio de 49,48 años y su coeficiente de Ginni lo ubica en el segundo lugar en desigualdad en el mundo— pero tiene un fuerte mercado de turismo, prestigiosas universidades y tanto blancos como negros en su casi totalidad están orgullosos de ser sudafricanos, “la nación arcoiris”.

Mientras participaba en las elecciones municipales del pasado 8 de diciembre, me acordaba de las fotos de larguísimas colas de personas emocionadísimas en los barrios más pobres de Sudáfrica eligiendo por primera vez a un presidente negro. Veía las caras largas de la gente, el entusiasmo de algunos, pero estaba lejos de ser una “fiesta electoral”. Es porque aquí no ha habido un Mandela. No hubo un Hitler ni de vaina, aquí no ha habido un dictador, pero el líder que salió de la cárcel salió a explotar las divisiones que ya existían para lograr el poder que tampoco logró con violencia. Sí, había una diferencia considerable entre la élite política y los millones de pobres que hay en el país, algo que tenía, a juro que cambiar. ¿Pero así? No.

Venezuela está bastante mejor que Sudáfrica en muchos aspectos –nuestro PIB es de cerca de 13.800 dólares per cápita, tenemos un 7,8% de desempleo, nuestra tasa e mortalidad aún está en 5,63 por cada 1.000, nuestra expectativa de vida está en 74,23 años, estamos de 69 en el rango de desigualdad en el mundo—pero cualquiera le diría que ser clase media en Venezuela no es mucho mejor que ser clase media en Sudáfrica. Muchos sencillamente se han dado por vencidos con nuestro país.

¿De verdad queremos nuestros país, me pregunto? ¿Nos preocupa el bienestar de él? ¿De todos? ‘O sólo nos estamos preocupando de sobrevivir nosotros? Si usted vive en alguna zona clase media alta-alta de Venezuela –al este de Caracas, Prebo en Valencia, así—, ¿cuánta gente conoce que se ha ido del país? Los índices de abstención en zonas de Caracas como El Cafetal o Prados del este sin duda son afectados porque la gente que vota ahí simplemente ya no está en el país. ¿Y sabía que por eso, los venezolanos somos los latinos con mayor nivel de educación en Estados Unidos? Somos apenas el 0,5% de los 52 millones de latinoamericanos allá en el norte, pero 51% de los mayores de 25 años tiene una licenciatura o un  TSU, comparado con 13% del resto de los latinos. Es más, comparado con 29% de los estadounidenses. How d’ya like them apples?

Eso quiere decir que la gente más preparada es la que se está yendo del país. Es cierto, las cosas no están nada fáciles para alguien clase media, qué con los precios de los apartamentos, los carros, la comida, los niveles de inseguridad y la polaridad política. Pero eso deriva en otra cosa. ¿Se acuerdan de “Caracas, Ciudad de Despedidas”? Critiquen mucho al país que ha dejado de ofrecerles algo concreto a esos chamos, pero critiquen también a los padres, en mi opinión, que no les formaron una identidad nacional. Es cierto, está como difícil hacer lo que hacía uno cuando era chamo, que era lanzarse al Metro hacia el centro sólo para pasear, o dejar al chamo ir solo a la panadería cuando tenía diez años.

Pero aquí entro yo con mi opinión muy personal. Si todos tenemos memorias de ese país en el que teníamos alguna esperanza de progresar, ¿por qué no se lo trataron de inculcar a sus hijos? ¿Por qué criarlos con la idea que se podían, o hasta que debían, irse para afuera porque esto “ya no tiene remedio”? Me recuerdan a una historia de un cura que fue a una fiesta de 15 años, y cuando pusieron el reggaeton y las carajitas empezaron a perrear, mira a los papás, que avergonzado dice “¿y qué vamos a hacer?” El cura contestó “eso no lo digo yo, eso lo deberían saber ustedes”. Lo mismo digo, ¿por qué no hicieron algo cuando sí tenía remedio? ¿Por qué ahora hay tantos que lo que quieren es largarse antes de pelear o trabajar por su país? ¿Por qué hay un grupito que, aún queriendo un golpe de Estado, así no lo diga, siguen llamándose “democráticos”? ¿Cuál es la idea, poner a alguien que los trate a ellos como nos están tratando ahorita a nosotros? ¿No fue eso lo que pasó en 1999?

La pura verdad es que, por mucha falta que hace un Mandela aquí –en cada país del mundo, creo yo—, me pregunto cuánto tardaría en darse por vencido. Ya sea Capriles, Chávez, Maduro, Caldera o quien sea, nosotros siempre queremos un mesías, un carajo que toque todo en esta vaina y lo arregle, y no terminamos de entender que no es uno solo que va arreglar este desastre. Mandela logró unir a su país porque hizo a todos entender que eran parte de un mismo pueblo, así tuvieran distintos orígenes. Sí, cuando ganó la presidencia muchos sudafricanos blancos salieron huyendo temiendo represalias, pero los que se quedaron prosperaron de lo lindo. Porque Mandela creó oportunidades para blancos y negros por igual. Porque los unió. Porque los hizo uno solo. Porque sabía que no podía solo. Porque con toda y su grandeza, era un solo hombre.

Reitero mi pregunta en mi último post: ¿estamos jodidos?

Lala ngoxolo, tata Madiba. Descansa en paz, padre Madiba.

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